Desde que tenemos conciencia, nos son inculcados (o hemos aprendido) ciertos conceptos con mayor “prioridad” que otros. A algunas cosas les damos mayor “importancia” que a otras. Al principio, “comer helado” es mucho mas importante que “leer”. Después, “hablar educadamente” es mas importante que “correr”, etc. No son esquemas 100% homogéneos en todo el mundo, diferenciándose entre culturas o incluso entre estratos socioeconómicos. Sin embargo en nuestro entorno inmediato (ciudad dentro de un país) podemos hallar muchas similitudes en los “ordenes de prioridad” de las cosas. En el fondo, son “construcciones” de la realidad, que por osmosis la sociedad nos ha heredado.
Entendiéndolo así, también son esquemas que basan su justificación en la misma sociedad que los construye. Podemos poner el ejemplo de dos conceptos en antitesis, “puntualidad” vs “placer gastronómico”: ¿Por qué para un adulto es mas importante la puntualidad en el trabajo, que llegar tarde al mismo por comer (y disfrutar) un chocolate?
Claramente porque de esa manera no lo echan del trabajo, que necesita para subsistir (así ha sido construida nuestra sociedad y hemos crecido con ese paradigma desde siempre).
Siempre me he preguntado si se pudo haber construido nuestra sociedad en base a otros “paradigmas”. O mas simplemente, que pasaría si cambiáramos cierto “orden de prioridades”, y como afectaría esto nuestra calidad de vida. Que pasaría por ejemplo si el concepto de “placer” tuviera una prioridad infinitamente superior al concepto de “eficiencia”, o bien, “puntualidad”. Haciendo este “pequeño” cambio, el mundo tomaría rumbos que siquiera imaginamos.
Todo el que hacer humano tendería al bien propio y común, sin distinciones. Las actividades cambiarían, el concepto de “jornada”, “día” o “noche” perderían sentido o bien no existirían. Sería una atemporalidad, volcada a lograr actividades y/o pensamientos placenteros por sobre las rutinas clásicas de subsistencia que hoy conocemos.
No es fácil imaginarse, ni siquiera proyectar tales cambios en nuestra “construcción adquirida” de la realidad. De ahí el cuestionamiento sobre si la realidad existe como una “verdad” o siempre se basa en construcciones (muy probable y lamentablemente) casi siempre adquiridas.
Jefe: Porque llega a esta hora señor?
G: Jefe, me quedé 5 horas jugando poker con mis amigos.
Jefe: Y habia whisky?
G: Mucho.
Jefe: Bien. Juguemos el lunes que viene?
G: Y si jugamos ahora?
Jefe: Solo si tiene whisky.