miércoles, 10 de octubre de 2007

Estructuras que definen


Desde que somos chicos empezamos con nuestra inundación de preguntas, entre ellas (y quizás la mas compleja) el ¿porque? de las cosas. ¿Porque no me compras eso mamá? ¿Porque el árbol es tan grande? Porque aquí y porque allá... la inquietud de si existe una explicación para todo.

En el fondo es nuestra forma de tratar de volver mas tangible nuestra "realidad".¿Existe una realidad?

Esta, y todas las otras preguntas se plantean basadas en la lógica de que en general todo lo que conocemos tiene un inicio (nada "es siempre"), o en general nos gusta creer que todo tiene una explicación (AUNQUE no la conozcamos). Nos parece muy raro que nuestro universo "sea siempre", o bien, que no exista "algo que explique todo". Nos aferramos entonces a ciertos conceptos como una "verdad", y desde ella construimos nuestro entendimiento y hacemos nuestras preguntas sobre el "mundo".

En primer lugar, el mecanismo que nos lleva a hacernos tales cuestionamiento es un mecanismo "lógico", "racional" y "basado en la experiencia". Preguntarnos ¿De que color es la pelota? ¿Que había antes del universo? ¿Que lo explica todo? Son preguntas racionales, lógicas : se aferran a conceptos "verdaderos" como la causalidad o los 3 anteriormente nombrados.

Estos conceptos se asumen de por si "buenos" para alcanzar "respuestas", o al menos acercarnos a ellas.
De esta manera, preguntarnos "Porque cae una gota?" es una pregunta "buena" en el sentido de que está basada en la causalidad y la lógica: asumimos que la gota debe ser impulsada por algo, o algo supuso el fenómeno de que la gota, en algún momento, cayera.

Ahora bien, podríamos cuestionarnos ciertas cosas. Y cuestionamientos no vacuos, sino basados en ciertas pequeñas "certezas". Una de ellas, la existencia de la mecánica cuantica que "explica" el comportamiento del "micromundo", los electrones, etc. En este "mundo de lo muy pequeño" existen bastante cosas que a primera vista, nos parecen "sin sentido" pero que al fin y al cabo, SON.

Por ejemplo, que un electrón esté a la vez en dos lugares, o bien que esté en ninguno, y que ambas aseveraciones sean verdad al mismo tiempo nos parece "raro" pero al fin y al cabo es verdadero.

De esta manera, podríamos aferrarnos a esta "verdad" para desde ella construir nuestros cuestionamientos.

¿Pero como? ¿El mecanismo para entender el mundo no era "correcto"?

No alejandonos mucho de nuestra vida cotidiana, la mecánica cuantica predice que los conceptos que usualmente utilizamos para "acercarnos a verdades" o bien "alcanzar respuestas"no tienen ninguna utilidad (ni veracidad) en algunos "lugares" *.

El comportamiento del mismisimo electrón: ni lógica, ni racionalidad, ni experiencia sirven para predecirlo.
Es mas, son los conceptos menos "pertinentes" para explicar el comportamiento de nuestro "micromundo". Micromundo, que por cierto, nos conforma y define.

De ahí que nos hagamos la siguiente pregunta:
¿Será pertinente partir cuestionandonos las cosas, sobre una base conceptual que solo es aplicable en una "parte" de nuestro manoseado "mundo real", y completamente falsa en otra? *.

Siguiendo por esa via, también sería entonces pertinente preguntarse cosas a primera vista brutales, por ejemplo, ¿existen infinitos universos?, o bien ¿este universo está en dos lugares a la ves?... Esto, utilizando ya no la lógica ni la racionalidad, sino conceptos como la "aleatoriedad" (que rige el micromundo, y por lo tanto también "verdadero", si se puede decir así).

En otras palabras, y para ponerlo de una forma caricaturizada, tanto como nuestros cuestionamientos se construyen de la manera antes descrita y producen ciertas estructuras y formas de "acercarnos" a respuestas, un electron (digamos, el electrón Juan) perfectamente se podría preguntar otras cosas:

Juan: Vamos Chile! 0-0 El gol lo metió Salas?
Profesora Electrona: No Juanito, lo metió Salas Y Zamorano.

Nosotros podríamos encontrar una razón (quizás con infinitos factores que la compongan) por el cual la famosa "gota de agua" cae. Para Juan en cambio, no cae por una razón, sino por 7 u 8 al mismo tiempo, excluyentes entre si. Además, Juan también podría plantearse preguntas como: "¿nada es todo?" basado en conceptos "aceptados como verdaderas" en su mundo.(y a nadie le sorprendería que fuera calificado con nota 7 en el colegio de electrones).

Deduzco entonces (mi firme convicción) de que en realidad la verdad no existe como tal, y es tan solo una interpretación. Basta ponerse en "otra perspectiva"... si fueramos electrones, o bien si tuviéramos otro nivel de entendimiento (cualquiera fuere), nuestra interpretación de cualquier cosa sería distinta, nuestras verdades serían otra cosa. Ni siquiera sabríamos si el concepto "verdad" o "realidad" tendría algún sentido.

De la misma manera, y riéndome un poco de la intensidad de estos temas, podría plantear lo siguiente:

Este texto está escrito basado en un lenguaje especifico (lengua, escritura, física)(si no me creen, notar la palabra "deduzco" en el párrafo anterior), creado por cierto nivel de entendimiento (la de un humano), utilizando conceptos que a mi entender son "acertados" (la razón, la lógica).

Desde el mismo momento en que se define de esta manera tan "particular", mi texto podría perder toda validez "a nivel universal" utilizando el mismo cuestionamiento antes utilizado. ¿Es realmente la razón un elemento que nos acerca a la verdad? ¿Existe acaso algún elemento que nos permita esto? Y peor aun, ¿Existe una verdad?.

Nunca me han caído bien los electrones, pero si supiéramos ver lo que ellos ven, al menos tendríamos otra "visión de la verdad".
¡Ya serían dos visiones! Progresaríamos o no.... ¿¿ Cuanto era 2 / infinito ??


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*(el lenguaje aquí ya quedó corto).


miércoles, 5 de septiembre de 2007

Percepción

En mi acepción de las cosas, “el mundo” es paradójicamente NUESTRA construcción del mismo. No vale la pena hablar de “un mundo” y nuestra existencia en el. Mas bien hablemos de “nuestra construcción” del mundo, las interacciones que nos llevaron (llevan) a construir de una determinada forma las cosas y por cierto cuestionarnos sobre las interacciones que nos llevan a relacionarnos con el entorno (y con los demás y sus propios “mundos”).

No es que estemos en distintas dimensiones, pero una cosa, un concepto, nunca va a llegar a ser una verdad absoluta, puesto que, si lo es, jamás llegaremos a alcanzarla (o nos es muy esquiva). Por eso nos conformamos con nuestro entendimiento, nuestra forma de desenvolvernos y al fin y al cabo “sobrevivir”.... nuestra construcción del mundo.

Recuerdo este verano en Brasil un sentimiento tan extraño como fantástico. El de “plenitud”. Todavía puedo cerrar los ojos y al imaginarme ciertos lugares, sentir una aproximación a ese “placer sin sentido aparente”. Solo por estar en Brasil. Y todos (el grupo que viajó) sentimos algo parecido. Fantástico... ¿pero simple?.

Todo es fruto de nuestra acepción del concepto “felicidad”, “amistad”, “compañerismo”, “disfrutar”, etc. Son conceptos que hemos aprendido (asimilado, edificado, pulido, cambiado, creado) a lo largo de nuestra vida. Lo genial de esto, y siguiendo en la experiencia de Brasil, es que todos vivimos de una misma manera “aparentemente” esa sensación en el país del sol. Entonces quedan dos posibilidades. La primera opción es que nuestra construcción de un concepto como “agrado” haya sido el mismo que el de los demás, y llegamos a la misma acepción (sensación, entendimiento, realización) del mismo. O bien, las construcciones fueron distintas y llegamos al mismo concepto (duele decirlo, a la misma “verdad”). No me inclino por ninguna de las anteriores alternativas. En este sentido, cabe preguntarse entonces ¿Qué sentimos? o bien, ¿Qué siente el otro realmente?... ¿Si ambos sentimos “pena”, no sentimos lo mismo? La respuesta es digna de Stephen Hawking: “No sentimos lo mismo, y si lo sentimos, nunca lo sabremos.” Y viceversa.

Y no me refiero a la intensidad (que claramente cambia de unos a otros, y de un momento a otro) me refiero a la forma, a la esencia del concepto en si.

Es tan frustrante como fantástico. Y se nos viene el fantasma de las dimensiones denuevo. Aparentemente vivimos en mundos distintos. Pero esta afirmación no tiene sentido, puesto que fue erigida sobre la base “lógica” de que “todos alcanzamos las mismas verdades”, todos somos “felices” cuando estamos felices, todos estamos “cansados” cuando lo estamos, pero no se hace ninguna diferenciación en el concepto en si.

Y es porque no puede haberla.

Hemos llegado a una conclusión todavía mas oscura (y/o interesante). Es de esta (y no de otra) manera que está definida nuestra existencia. Nuestro mundo no posee “una sola verdad”, o al menos, se escapa la misma de nuestras “fronteras” (y en el caso extremo, si la alcanzamos, jamás lo sabremos). De esta forma, nuestro “mundo” deja el carácter estatico al que el “prototipo” del mismo nos ha acostumbrado. Toma formas, colores, gustos y sensaciones infinitas e inequívocamente, cambiantes “según quien las mire”.


Al fin y al cabo SI vivimos en mundos distintos, pero no nos damos cuenta.

Y volvemos a Hawking, que con su paradoja de los gemelos viajando a velocidades diferentes por el universo, nos muestra como INCLUSO el tiempo es relativo según el observador.

Me detengo ahora, indignado. Todo es relativo, y lo mas probable es que este texto lo hayan entendido de una forma muy distinta a mi.

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